Confesionario de una mamá, cap. 1: En la «dulce» espera.

Hace un poco menos de un año tuve que dar una noticia que NO quería dar.

La maternidad no siempre es deseada, aprendamos a sacarle el romanticismo a esto de ser madre de una bendición. O de varias bendiciones.

El 2021 iba a ser un año distinto para mi, tomé la decisión de volver a estudiar, de ordenar un poco mi vida, porque el 2020 fue extremo, había vuelto la depresión. Estaba en tratamiento y sentía que iba bien encaminada. Me costó ene. Muchas cosas estaban en camino de ser mejores para mí y lo necesitaba de verdad. Durante el 2020 se me desmoronaron muchas cosas que creía certeras en mi vida, desde mi familia, o a quién yo consideraba un pilar fundamental en mi vida, como también mis relaciones con las personas.

Pero #BabyColo llegó para cambiarlo todo. No, insisto, no quería ser mamá de nuevo. Evalué todas las alternativas que «el mercado» te brinda y la verdad: ABORTO LIBRE Y SEGURO -esto es algo, que a pesar de ser mamá de 3 mujeres sigo pensando mucho más después de todo lo que viví-.

Tomé la opción de continuar el embarazo, a pesar de que el 99% de las personas a mi alrededor me dijeron que no, si, así de duro, incluso mi psicólogo, de quién terminé sintiéndome traicionada. Entiendo que todos querían lo mejor para mí, pero la ilegalidad nunca iba a ser lo mejor si me llegaba a pasar algo -y con lo Yuyina que soy, había una alta probabilidad de que terminara en alguna circunstancia no agradable en mi vida-.

Me pasé muchos rollos, dos niñas, un niño por parte de mi pareja, una PYME, nos pidieron el departamento, estudiando, o mejor dicho intentando estudiar, tratando de ser jefa, malestares de los primeros meses. Vomité durante los primeros 3 meses de la gestación de la Colo, no tenía ganas de nada, con suerte me levantaba, hacía mi mejor intento. Todos los días, durante tres meses me sentí tan mal que me arrepentí todos los mismos días de continuar con el embarazo.

La maternidad no es tan dulce

Recuerdo el momento en que tomé la decisión de continuar, iba caminando en la calle y toda la información que solicitaba para ver cuál era el camino a tomar me dolía el estómago, la guata como decimos en Chile, era algo que me revolvía y no me daba paz. Al día siguiente -creo- tuve terapia con mi psicólogo y cuando hablamos de esto y de que aún no sabía que hacer, sus palabras fueron clavos para mi y me dije: ya sé que hacer aunque todos me digan lo contrario.

Hubieron días pésimos, desde distintos ángulos: físicos, emocionales, una duda tremenda de que si me la iba a poder, porque ya eran muchos niñ@s en casa. Si iba a poder con la empresa o con los estudios.

Pero recordé que la maternidad JAMÁS ha sido DULCE. Recordé cuando tuve a Sofía y sus primeros meses llenos de oscuridad, sola, sin apoyo, tratando de hacer lo mejor de mi persona por criar a esta bebé que no había pedido venir al mundo. Recordé cuando comenzó a crecer y más se me dificultaba su crianza, cuando me alcanzaron a agarrar con la depresión post parto y me costó.

Cuando comencé a trabajar y me di cuenta que tenía que ocultar mi maternidad, que tenía que trabajar como si no fuera mamá, porque no podía no verme profesional. Porque la gente te cuestiona si eres mamá muy joven o muy vieja, porque eres potencialmente sensible a cualquier comentario. Porque justo estás en un punto en la vida de autoconocimiento y de cambios fuertes que te hacen sensible a cualquier cosa.

Y me la pude, aún me la puedo.

Y seguí. Durante tres meses comí fruta de a poco porque cada vez que comía moría. Me daban cosas para la acidez que nunca funcionaron, me daban pastillas para los vómitos que nunca funcionaron. Me «derivaron» a salud mental para poder apañarme, pero nunca llegó la derivación.

A pesar de que ya tengo a BabyColo en mis brazos, sigo pensando que la maternidad debe ser deseada. Que debemos tener más opciones que la legalidad o la ilegalidad. Que las mujeres tengamos que debatirnos entre una maternidad no deseada y el castigo punitivo, el castigo moral y social. Pero luego las Instituciones te fallan, te falla el Consultorio porque para pedir hora para anticonceptivo es un cacho, porque para pedir hora para los controles es un cacho, porque pedir hora para psicólogo es un cacho, porque si no, debes ir por tus medios a especialistas en salud mental que tienen hora para DOS MESES MÁS.

Este post es sincero, amo a BabyColo, amo a Sofía, amo a Olivia, amo a Mathías, pero hubieron días post de la decisión de continuar con la Dulce Espera que no fueron dulces y fue así.

Y al fin pude escribirlo.

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