Los míos, Maternidad, Salud y Lactancia

Mamá está enferma— y una licencia que no existe

¿Se han dado cuenta que las mamás cuando nos enfermamos debemos seguir? Bueno, así he estado esta semana.

La semana pasada Fernando llegó con el resfriado y fue a la urgencias a ver que tenía, porque se sentía pésimo, yo no pesqué porque bueno… hay que continuar la vida y hay que hacer mil cosas. El sábado grabamos un comercial con la Sofía y estuve todo el día con ella. Reconozco que no tomé agua y como estamos en otoño con clima cambiante y una oscilación térmica del terror, por lo que supongo que mi cuerpo hizo cortocircuito.

El domingo amanecí pésimo, me desvelé y obvio… no soy de hierro. Lunes, entre entrenamiento y ejercicios… morí nuevamente. Ahí estaba entre Tongoy y Los Vilos -como decimos para estas situaciones, estás pero no estás-.

El martes, después de ir a un entretenido desayuno, me volví a descompensar y temperatura todo el día. Me dije: ya, es hora de aplicar medidas power con mi cuerpo y me decidí a hacer el manejo respetuoso de la fiebre y que si bien es re bueno, porque te ayuda haciendo trabajar  tu cuerpo, lo pasas pésimo. Así me pasó. Lo pasé pésimo. Cada cierto espacio de tiempo el lado oscuro de la fuerza me decía que desistiera de mi kamikaze y fuera una niña de bien dejando a los profesionales hacer su pega (básicamente ir a urgencias), pero resistí y mejoré momentáneamente el miércoles.

El miércoles retomé mis actividades normales y seguí… pero a la tarde me volví a sentir mal. Jueves, para la historia de nuevo, temperatura, llamada a mi mamá para que me viniera a dejar a las niñas porque no me podía el poto y que se aprovechara de quedar con ellas para yo poder ir a urgencias. Diagnóstico: rinofaringitis aguda y que ya se me iba a pasar pronto… así que pinchazo de diclofenaco y para la casa (así no más poh… ni una piscola invitó el doctor).

Y al tercer día -este sería como él quinto ziii- resucité.

El viernes nuevamente todas mis actividades suspendidas: o descansaba o moría. Cuento corto, estuve trabajando con Olivia en casa y de verdad que mi cuerpo necesitaba quedarse en cama y sin salir de mi casa estudio.

¿Y la licencia para enfermarse?

Después de saber que tenía otra amiga blogger caída en acción (100% Mamá) me di cuenta que básicamente NO existe la licencia para enfermarse. Una debe seguir trabajando, haciendo las cosas de las niñas, contando con un poco más de ayuda que lo normal (cuando tienes a quién recurrir), pero no es algo que exista.

Porque los niños deben seguir yendo al colegio (no faltará la que diga: ¿y el papá? Claro, en mi caso, señor Pappa Don’t Preach trabaja de noche y llega a horarios en que nos estamos despertando, CERO posibilidad de contar con él), la casa debe estar ordenada igual, las cosas deben hacerse igual y más aún cuando trabajas freelance: la pega debe hacerse igual (tengo la suerte de tener clientes que no me joden cuando estoy enferma, porque entienden que mi pega es sensible y soy ser humano).

Cuando hablo de que las mamás trabajamos mucho, a esto me refiero a que efectivamente el trabajo de mamá no para, ni siquiera para cuando tenemos que descansar porque nuestro cuerpo nos lo pide.

Y ¿a ustedes les ha pasado?

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