Crianza, Maternidad, Vida Cotidiana

Sobre la Mala Madre que hay dentro de mi

Son las 12:30 de la noche y comienzo a escribir lo que ha sido uno de los días más tranquilos que he tenido desde hace mucho tiempo.

Más o menos, desde que terminaron las clases en 2016, hasta ahora que volvieron. 

Si, porque aunque parezca ilógico, mi mala madre interior grita, cuál Elsa en Frozen, LIBREEE SOOOOY LIBREEEE SOOOOY, aunque sean un par de horas al día, para poder hacer mi trabajo sin estar peleando por quién usa los celulares, si necesitan cereales o que le impriman más mandalas para poder pintar porque los 10 mandalas que le imprimí antes fueron historia.

libre soy gif

Desde el año pasado trabajo freelance desde la casa, al comienzo no fue tan caótico. Si tuve que adaptarme a hacer mi trabajo desde la casa y con los horarios de la casa, pero cuando llegaron las vacaciones, a pesar del fiel apoyo de mi madre, debo decir que fue insospechado -por no decir insoportable-, habían días que debía dedicarme a hacer cosas específicas, con la tranquilidad que se agradece trabajar en una oficina, pero Vuelta a clases 2017no era posible, porque tenía peleando a dos niñas por la tele -Masha y el Oso versus Once Upon a Time- o a mi mamá retando a las enanas porque se habían puesto a pelear, mientras mi mente trataba de canalizar estadística de redes sociales.

Si, canalizar, porque ni siquiera podía pensar. Gracias a las reuniones que salvaron mi cordura, como también a la visita de la Monse a Santiago, porque por lo menos organicé salidas educativas y turísticas para que pudiesen conocer lo linda que es la ciudad en que vivimos. Pero si, lo reconozco, me volví mono. 

Más de alguna vez me puse a llorar a las 2 am porque las niñas no se querían dormir, yo necesitaba dormir o enviar una pauta urgente que, por estar mediando la repartición equitativa de los Legos, olvidé hacer en el día, y obvio, mi cliente la necesitaba.

Más de alguna vez, entre el calor del verano, los gritos de las niñas, mi apatía a salir de la casa, me olvidaba que tenía que comprar pan, ir a la feria o ir al super por alguna tontera que faltó. Sorry, pero me gusta estar en casa a tal punto que si de mi dependiera no saldría CASI nunca, menos por detalles que me dan lata. 

síndrome del nido vacío
Síndrome del Nido Vacío: DESCRIPCIÓN GRÁFICA – Contexto: Olivia no quería dejar a su Chanchi (Sofía) sola en la sala de primero básico

Desde que fui mamá, reconozco el valor de salir al super solo a vitrinear y respirar aire fresco, ni siquiera para comprar chucherías, solo porque es un espacio de meditación donde nadie te molesta y si alguien te molesta tienes varias otras secciones dónde ir. No así la casa.

Hoy, siendo 12:45 debo confesar que pude ver una película, si al fin… una de esas mamonas que me gustan a mi, pero también, de esas en las que nadie me pregunta de que se trata o si la puedo poner en español sin subtítulos – SOFÍA APRENDE PRONTO A LEER QUE MUERO ESCUCHANDO LAS TRADUCCIONES PAAABRES DE LAS PELÍCULAS, peor las series, lo siento, no soporto, prefiero no entender nada a escuchar las traducciones al español donde no se entienden los chistes gringos, incluso agradecería que las turcas que ponen en la tevé a color fueran en turco con subtítulo-, no tuve que compartir el audio entre la Masha y el Oso rusos, ni las canciones pegajosas de Equestria Girls, que después termino cantando.

Y tengo mucho pero mucho sueño, más que Martin Luther King, pero estoy contenta por mi. 

locuras 2017
Dame paciencia Dios Todopoderoso y Superestrella

Y aún más por Sofía, porque en su cabeza quizás está la clásica frase: “pa qué fue mamá si no se la puede…” “que feo dejar tirado a los pobres niños en el colegio, mientras ella no hace nah” “para qué se meten en las patas de los caballos”, y la verdad es que no estaría tan contenta escribiendo esto si no supera que mi hija mayor está feliz de volver al colegio, porque quizás estaba igual de agotada que yo de la casa.

Por que soy pésima para hacer actividades en casa, y vamos! la economía familiar no da para irnos un verano entero a capear Santiago a otra ciudad -costos, costos, costos-.

Y la verdad no la extraño, no extraño a la Sofía, porque sé que está bien y contenta. Porque el tiempo que el colegio me da es el suficiente para poder avanzar en el 40% de mi pega diaria, puedo ir a buscarla con la tranquilidad mental que está feliz.

Y si me preguntan por Olivia, no, no la dejé tirada en el jardín. Aún ni siquiera entra, pero como no está la Sofía, se calman un poco las aguas y ella misma disfruta a concho estar conmigo o con Feña, que solo está en la mañana, se manda embarraditas, pero son más controlables que cuando tengo a las dos bombas explosivas en casa.

Volvió marzo y muchos volvimos a la rutina, pero también a disfrutarla.

Chao con marzo pesimista y vamos por un marzo bacán.

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