Crianza, La Vitrina

Tips para escoger un jardín infantil

Conocer el proyecto educativo, el trato que reciben los niños, las medidas de seguridad e higiene y, por supuesto, la importancia que le da el establecimiento a la familia son algunos de los aspectos claves a considerar en esta importante decisión.

jardín infantilMuchas veces el escoger un jardín infantil o sala cuna para los hijos puede ser un gran reto para los padres. Algunos no saben qué criterios considerar y terminan priorizando la cercanía al hogar o trabajo. La psicóloga Claudia Soto del programa Aprender en Familia de Fundación CAP sostiene que este espacio es fundamental para el aprendizaje y desarrollo de los más pequeños, por lo que es muy importante hacer una elección a conciencia.

Lo primero que los papás deben tener claro cuáles son sus expectativas, qué buscan, si priorizan un buen ambiente o una buena infraestructura, si es importante el aprendizaje de un segundo idioma o cómo integran el juego. Para esto es vital pedir el proyecto educativo del jardín, ya que orienta a los futuros apoderados sobre la misión y visión del centro.

También es fundamental darse el tiempo para ir al jardín o sala cuna, para conocer cómo funciona un día normal y poder conversar con la directora, educadoras y técnicos que estarán a cargo de los niños y niñas. Fijarse cómo se refieren a los niños y preguntar por el manejo de situaciones como una pataleta o peleas entre compañeros. Asimismo es clave observar cómo se desenvuelven los pequeños, porque para la experta, “el exceso de silencio y pasividad no es algo esperable, ya que los niños, sobre todo a esta edad, aprenden y se desarrollan moviéndose y jugando”.

Igualmente, es recomendable informarse sobre la proporción de adultos por niños, la que –por ley– debería ser de al menos una educadora cada 42 niños y una asistente técnica cada siete niños, en el caso de sala cuna. Y una educadora cada 32 niños y un técnico cada 25 niños en nivel medio. Además, revisar las condiciones de higiene y seguridad del establecimiento. Por ejemplo, es ideal conocer los juguetes que manipulan, cómo les sirven la alimentación, las medidas de seguridad en lugares que podrían ser peligrosos para los niños, etc.

Porque la educación de los niños es una tarea compartida entre los padres, apoderados y el establecimiento, para la psicóloga de Fundación CAP uno de los aspectos más importantes a considerar es fijarse en el vínculo que el jardín busca promover con las familias. O sea, saber si se promueve una alianza entre las familias y el jardín, conformando una comunidad educativa, donde se ayude e involucre a los padres en el proceso educativo.

El ingreso al jardín infantil genera distintas emociones en los diferentes padres y niños. Algunos apoderados pueden sentir orgullo, alegría y otros, temor o sentimientos de culpa por separarse de sus hijos. A su vez, los niños también sienten distintas emociones, pueden estar motivados, expectantes y felices o tal vez inseguros o temerosos de integrarse a este nuevo ambiente. “Hay que estar muy atentos para comprenderlos, contenerlos, apoyarlos, darles tiempo y acompañarlos, así como fijarse y preguntar cómo apoya el jardín infantil y sala cuna ese proceso de adaptación”, concluye.

Tips para la elección:

  • Conocer el proyecto educativo del jardín o sala cuna.
  • Preguntar cuáles son las instancias de participación de los padres.
  • Revisar la infraestructura y equipamiento del lugar.
  • Observar cómo desarrollan los juegos de los niños.
  • Ir antes para conocer a la directora y educadoras.
  • Observar las medidas de salubridad de quienes manipulan los alimentos.
  • Revisar que no haya espacios peligrosos ni materiales poco aptos como enchufes o cables a la vista o palos en el patio.
  • Mirar cómo se desenvuelven espontáneamente los niños que asisten a esa sala cuna/jardín
  • Preguntarle a otros apoderados sus experiencias en el jardín.

 

El programa “Aprender en Familia”, creado y desarrollado por Fundación CAP, ha beneficiado a 28 mil niños y sus familias, de un total de 60 escuelas municipales en las regiones de Atacama, Coquimbo, Metropolitana y del Biobío, desde 2010. Su principal desafío es potenciar el aprendizaje y desarrollo de los estudiantes –en su mayoría con alta vulnerabilidad social– involucrando a sus padres y/o apoderados en su proceso educativo. Con una duración de tres años, es un programa único en Chile. Desde 2016 comenzó a aplicarse en 21 jardines infantiles de las regiones Metropolitana y del Biobío, sumando así a 1.700 niños, de los 6 meses a los 5 años. Contempla el trabajo en tres áreas: Vincular al establecimiento educacional con las familias, capacitar a los padres para potenciar sus habilidades parentales y fortalecer las redes de apoyo.

 

 

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