Crianza, Maternidad

#Maternidad El día en que dejé de decir “no”

Ha pasado un buen tiempo desde que tomé esta decisión. Me aburrí de escuchar “nos” en mi vida familiar, laboral, personal, en mi pareja. ¿Te has puesto a pensar en la cantidad de “no” que decimos al día? Más de los que tienes plena consciencia.

NOUn día llegué a un artículo en internet que hablaba sobre eso, hablaba sobre la poca consciencia que tenemos de nuestro lenguaje y como este construye realidades. Lo fui notando también en mi hija mayor Sofía que ante cualquier pregunta mía o de cualquier ser humano su primera respuesta era no.
No quiero a acostarme, no quiero caminar, no quiero probar, no quiero soñar, no quiero jugar y así un sin fin de “no”.

Y me pregunté un día ¿cuántos “no” digo en mi vida?

Ahí también me di cuenta de otra cosa: tengo temor a las cosas nuevas que me depara mi vida. Me gusta estar en mi caparazón, tranquiliza, sin que nada ni nadie me moleste. Pero eso también le estaba significando vivir una vida aburrida, monótona, sin ganas de participar en nuevas experiencias. Porque estaba acostumbrada a decir que no a todo.
Cuando logré hacer esta reflexión mi vida dio un vuelco y mi maternidad también. 

Entonces, ¿si no digo “no” como me expreso?

Esta fue mi mayor dificultad, encontrar frases para poder cambiar mis “no”. Aunque suene bonito, estamos tan acostumbrados a hablar en negativo que no nos damos cuenta, no tenemos conciencia de ello. Nos falta tomar consciencia de que nuestras palabras crean realidades y en especial las realidades de nuestros hijos e hijas.

En ese punto noté que la clave está en dar ordenes claras y positivas. Un clásico es decir “no te subas a la mesa” y el bebé ya está arriba comiéndose la mantequilla. En cambio si le dices “bájate de la mesa con cuidado” básicamente asumes que ya está arriba (algo que no se previno) y ahora es hora que se baje.
Si están en un parque todos los niños jugando y tu hijo se sube a un juego más grande en vez de decirle “no te vayas a caer” donde, implícitamente, le dices “que se va a caer” dile “afírmate y ten cuidado” porque así le transmites confianza y libertad para jugar.

En casa de cocinero hay mil cuchillos y así es nuestra casa. ¿Sabías que Sofía ya sabe usar las puntillas de Feña? Si, unos pequeños cuchillos filosos. Y a pesar de que están a la mano ella y tampoco la Olivia los utilizan, ni sacan.

Les enseñamos todos los días que ellas pueden utilizar las cosas pero debe ser con cuidado. Ese es el único pero.

¿Qué sacamos con pasar prohibiendo si al fin y al cabo los niños consiguen hacer lo que “ellos quieren”? Ese es el punto, no se trata de que hagan lo que quieran, sino que darles la confianza y libertad para que ellos se sientan parte de una familia. Para eso ayuda el lenguaje positivo: para generar confianza.
Niños más confiados = niños menos accidentados y con mejores experiencias de vida.

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