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Cosas que se aprenden el último día del año

Queridos lectores y lectoras:

Como es época de análisis y demases, es justo y necesario escribir en mi blog.

Hoy, definitivamente fue un día de análisis.

Siempre he criticado el lugar donde vivo porque esta lleno de perros vagos, la gente no conoce los basureros, está lleno de casas sin orden, etc etc etc. Cada vez que salgo de mi casa tiendo a deprimirme y pensar que me encantaría vivir en esos barrios organizados, sin cercas, sin perros en las calles, etc etc etc.

Pero me he dado cuenta que si hay algo que les falta a esos barrios “perfectos” es un poco de humanidad. Si, humanidad. Quizás serán lindos, pero en muchos casos no está el negocio de la esquina que tiene de todo para salir del paso, la vecina copuchenta, tan cara de palta que copuchea sobre ti encima tuyo. Y como no puede faltar son esos típicos oficios chilensis, desde el vendedor de cloro hasta el afilador de cuchicos.

Me he vuelto tan citadina que reconozco que jamás había visto como trabaja uno de esos personajes, bueno, siempre lo escuchaba pasar pero nunca solicité sus servicios. Es verdad que me intrigaba ver como utilizaban esa especie de bicicleta partida en dos.

Tengo una tijera que tiene chorromil años, yo creo que la utilizó mi mamá cuando ella tenía mi edad, y siempre la ocupo cuando necesito hacer mis manualidades. Viejita y todo era bien noble conmigo, hasta unos días atrás en que comenzó a perder el filo y ya no cortaba como antes.

Creo que le dije a mi mamá que cuando pasara ese caballero le pasaría las tijeras para que las arreglara. Hasta el día de hoy.

Hoy escuché esa especie de pito que andan tocando, tan tradicional de ese oficio, y agarré las tijeras y partí corriendo (como cabra chica) para que las arreglara.

En un santiamén, dio vuelta su rueda, sacó una lija y comenzó el show.

Era una verdadera obra de arte, una dedicación que llegaba a impresionar. Si hubiese tenido una cámara fotográfica le pido en ese instante el permiso para tomarle unas fotos. Era la imagen ideal de como es que es nuestro Chile.

Quizás es algo rústico, quizás tratamos de aparentar algo que no somos, quizás ocultamos un sinfin de cosas, pero la verdad es que ese es Chile, ese país que tiene un perro abandonado en la calle, pero a las cuadras te encuentras con obras de ingeniería que valen millones, ese Chile que bota aquello que aún sirve, que todo lo encontramos desechable, pero en el que aún existen personas valiosas que mantienen sus oficios a pesar de los años y que creen que todo tiene arreglo.

El terremoto, piñera, los mineros, la teletón, la tragedia de la ruta 78, son sólo puntos en la historia de nuestro país. Quienes contruimos este Chile querido somos nosotros, nadie más, ni nadie menos, que nosotros.

Siempre dicen que el próximo año será mejor: yo creo que mejor hagamos que hoy sea un GRAN DÍA, y todos los días de este nuevo año.

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1 thought on “Cosas que se aprenden el último día del año”

  1. ¡Bien dicho! Un pais se hace no por sus obras de arquitectura cara o por sus hospitales de primer mundo, sino por sus personas y sus personajes cotidianos, un día a día que define plenamente a la verdadera realidad de un pais como lo es su Chile, o como lo es mi México, o mejor nuestra america latina para no sonar tan distantes.

    Un saludo desde http://somniatores.wordpress.com/ ojala pueda visitarnos y dejarnos un comentario, gracias de antemano.

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